Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Kate guardó silencio un momento, pero los dos estaban demasiado serios para mostrar una piedad parentética. No obstante, Kate quiso tener al menos un mÃnimo de luz.
—¿Se negó incluso a dejar que le hablases?
—Ay, niña —replicó Densher—, estaba muy, muy enferma.
—Bueno, antes también lo estaba.
—Y ¿eso no le habÃa impedido…? No —admitió Densher—, es cierto; y no pretendo ocultar que es extraordinaria.
—Prodigiosa —dijo Kate Croy.
Él la miró un momento.
—Y tú también, cariño. Pero asà son las cosas —resumió— y asà estamos.