Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¿Engañarla?
—Ganárnosla. La has complacido.
Densher aceptó la taza de té de manera mecánica. Estaba pensando en otra cosa, y sus pensamientos encontraron una salida al cabo de un momento.
—¡Qué grosero he debido ser!
—¿Grosero?
—Para complacer a tanta gente.
—¡Ah! —dijo Kate con un destello de alegrÃa—, lo has hecho para complacerme a mÃ. —Pero enseguida volvió sobre el asunto—. Lo que no entiendo es… ¿quieres azúcar?
—SÃ, por favor.
—Lo que no entiendo —continuó después de servÃrsela— es qué fue lo que la hizo cambiar de opinión. Se negó a verte muchos dÃas, ¿qué hizo que volviera a querer verte?
Planteó la pregunta con la taza en la mano, pero él se mostró dispuesto a responder a pesar de la extraña ironÃa de que estuviesen hablándolo sentados a la mesita del té.
—Fue sir Luke Strett. Su visita, su presencia allÃ.
—Entonces, la devolvió a la vida.
—Al menos por lo que pude ver.
—¿E intercedió por ti?