Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —No entiendo, no sé, qué es lo que ha cambiado. —Esbozó una amplia y extraña sonrisa—. Nos va muy bien juntos y ¿de pronto me abandonas?
Él la miró con impotencia.
—¿Esto te parece «muy bien»? ¡Por Dios, a veces dices unas cosas…!
—Me parece perfecto… desde mi punto de vista. Estoy justo donde estaba; y tendrás que darme una razón mejor para que crea que tú no lo estás también. Me parece —continuó— que lo que ha ocurrido entre nosotros sólo tiene sentido si esperamos. No creo que queramos portarnos como idiotas.
Al oÃrla, él reparó en su lógica imperturbable; y en la calmosa y extraña impotencia de verla hablar en el aire cargado de recuerdos. La habÃa llevado allà para conmoverla y habÃa resultado ser inconmovible, y no porque no le comprendiera. Lo entendÃa todo, incluso las cosas que él se negaba a entender; y tenÃa razones, muy en el fondo, que casi le producÃan náuseas. Pero sobre todo tenÃa su extraña y elocuente sonrisa.