Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Claro que, si sabes algo… —Él vio que a Kate le parecÃa concebible y posible que asà fuera. Pero ni siquiera supo a qué se referÃa, y se limitó a mirarla entristecido. Su tristeza, no obstante, no la alteró—. Creo que asà es, y que lo que pasa es que no quieres decirlo por delicadeza. Tanta delicadeza conmigo, cariño, es tener demasiados escrúpulos. No me escandalizaré, asà que si me lo cuentas …
—¿Y bien? —preguntó Densher cuando ella se calló lo que ocurrirÃa en ese caso.
—Pues que haré lo que quieras. En ese caso, puedes estar seguro, no tendrÃamos que esperar y entiendo por qué dices que serÃa mejor no hacerlo. Ni siquiera te pido —continuó— una prueba. Me basta con tu certeza moral.
En ese momento, lo comprendió con la fuerza de un torbellino.
Lo que le habÃa dicho estaba muy claro, tanto que, cuando lo entendió, la sangre tiñó su rostro.
—No sé nada.
—¿No tienes ni idea?
—Ni idea.