Lo mas selecto
Lo mas selecto Laura aguardó a que regresara la señora Berrington, pero ésta no apareció, de manera que recogió el impermeable con intención de marcharse. Pero, en el fondo, se sentía reacia, porque se había encaminado a Plash con la vaga esperanza de que una mano balsámica calmara su dolor. Si no encontraba consuelo en la «casa de la viuda», ya no sabría dónde buscarlo, porque en casa, sin duda, no lo había, ni siquiera con la señorita Steet y los niños. Con todo, no era la principal cualidad de lady Davenant ser reconfortante, y Laura no pretendía tampoco que ella la mimara o se esforzara en que lo olvidara todo: al contrario, prefería que le infundiera fortaleza: que le enseñara a vivir y a no inclinar la cabeza a pesar de la conciencia de que las cosas iban muy mal. Tampoco era su deseo revestirse de una indiferencia osada, pero ¿acaso no había formas de indiferencia nobles y filosóficas? ¿No podría enseñarle lady Davenant a ser así, si se tomaba la molestia? La muchacha recordaba haber oído que también hubo años de acontecimientos desagradables en la familia de lady Davenant; no era ésta una raza en la que las damas salieran invariablemente bien. Sin embargo, ¿quién tenía en aquellos momentos honor y mérito en relación con un pasado que no era asunto de nadie pero era de dominio público a la vez… y lo llevaba con absoluta naturalidad? Ella había sido una mujer buena y eso era, a la larga, lo único importante. Laura también tenía intención de ser una mujer buena y le facilitaría las cosas que lady Davenant le enseñara qué había que hacer para no sentir demasiado. En cuestión de exceso de sentimientos, no necesitaba que nadie le diera lecciones.