Lo mas selecto
Lo mas selecto —SabÃa que esto tan horrible iba a suceder y se me metió en la cabeza, ahà en el palco, de repente, la idea de que debÃa asegurarme otra vida, alguna protección, alguna respetabilidad. Al principio pensaba que yo le gustaba, se habÃa comportado como si asà fuera. Y a mà me gusta, es un hombre muy bueno. Asà que se lo pregunté, no pude evitarlo, fue horrible… ¡me ofrecà a él! —Laura, de pie y con ojos dilatados, hablaba como si estuviera contando que lo habÃa apuñalado.
Lady Davenant se levantó de nuevo y se le acercó; tras quitarse el guante, le acarició la mejilla con el dorso de la mano.
—Está usted enferma, tiene fiebre. Estoy segura de que, dijera lo que dijera, fue algo encantador.
—SÃ, estoy enferma —dijo Laura.
—No voy a permitir que se vaya a su casa, tiene que meterse ahora mismo en la cama. ¿Y qué le dijo él?
—Oh, fue lamentable —exclamó la joven, ocultando de nuevo la cara en la pañoleta de su amiga—. Yo estaba completamente, completamente equivocada; ¡ni se le habÃa pasado por la cabeza!
—¿Y por qué diantre corrÃa asà tras usted? ¡Fue un bruto al decir eso!
—No lo dijo y nunca ha corrido detrás de mÃ. Se ha comportado siempre como un perfecto caballero.