Lo mas selecto
Lo mas selecto —No tengo paciencia, ¡no puedo aguantarlo! ¡Me habrÃa gustado verlo! —declaró lady Davenant.
—SÃ, habrÃa estado bien. No volverá a verlo nunca más; si de veras es un caballero, desaparecerá.
—¡Santo cielo, cuántas desapariciones! —murmuró la anciana. A continuación rodeó a Laura con el brazo y añadió—: Haga el favor de subir conmigo al piso de arriba.
Media hora más tarde tuvo una conversación con el mayordomo, tras la cual éste consultó el librito de registro en el que, como parte de sus tareas, transcribÃa con gran pulcritud las direcciones que aparecÃan en las tarjetas de visita de los nuevos visitantes. Este volumen, que se guardaba en el cajón de la mesa de la entrada, reveló que el señor Wendover se alojaba en George Street, Hanover Square.
—Suba a un coche ahora mismo y dÃgale que venga a verme esta noche —dijo lady Davenant—. Hágale entender que se trata de algo que le interesa personalmente, que cancele sus compromisos, sean los que sean. Dese prisa y seguro que lo encuentra: seguro que está en casa vistiéndose para la cena.
Lady Davenant habÃa calculado bien porque unos pocos minutos antes de las diez se abrió la puerta de su salón y anunciaron al señor Wendover.