Lo mas selecto
Lo mas selecto —Siéntese aquà —dijo la dama—. No, allà no, más cerca. Tenemos que hablar en voz baja. Estimado caballero, ¡no muerdo!
—Oh, esta silla es muy cómoda —contestó el señor Wendover vagamente, sonriendo a pesar de una inquietud visible. Era muy natural que se preguntara qué querÃa de él la imperiosa amiga de Laura Wing a aquellas horas de la noche; pero la elegancia de su esfuerzo por ocultar los sÃntomas de alarma era insuperable.
—DeberÃa usted haber venido antes, ¿sabe? —prosiguió lady Davenant—. Me habrÃa gustado verlo más de una vez.
—Estaba cenando fuera y me he dado mucha prisa. No he podido venir antes, se lo aseguro.
—Yo también he cenado fuera y he pasado por casa a propósito para verlo a usted. Pero no me referÃa a esta noche, lo ha hecho usted muy bien. TenÃa ganas de hacerle venir el otro dÃa, pero se me olvidó por algún motivo. Además, sabÃa que a ella no le gustarÃa.
—¡Vaya, lady Davenant! Me propuse venir a verla, después de aquel dÃa —exclamó el joven, ni más tranquilo ni, por supuesto, más ilustrado.
—Seguro que sÃ, pero no tiene usted que justificarse; eso es precisamente lo que no quiero; no lo he hecho venir para eso. Tengo algo muy especial que decirle, pero es muy delicado. Voyons un peu![11]