Lo mas selecto
Lo mas selecto La anciana pensó un poco, sin dejar de mirarle a la cara, la cual estaba adquiriendo una expresión de gravedad. Ésta sugerÃa que el señor Wendover todavÃa no entendÃa a lady Davenant, pero no se la tomaba a broma. Aparentemente, las meditaciones ayudaron un poco a lady Davenant, como si estuviera buscando la forma de expresión más apropiada, porque terminaron con una brusca intervención:
—Me pregunto si se da cuenta usted de lo excelente que es esta muchacha.
—¿Se refiere… se refiere…? —balbuceó el señor Wendover, haciendo una pausa, como si no hubiera autorizado a la dama a negarle la posibilidad de concebir alternativas.
—SÃ, me refiero a ella. Está arriba, en la cama.
—¡En el piso de arriba, en la cama! —el joven la miró fijamente.
—No se asuste, ¡no voy mandar a buscarla! —rio su anfitriona—. Al fin y al cabo, que esté ella aquà es lo de menos; lo que importa es que ha venido: sÃ, sin duda, ha venido. Pero ha sido asunto mÃo que se haya quedado aquÃ. Mi doncella ha ido a Grosvenor Place a buscar sus cosas y a comunicarles que se quedará en mi casa por ahora. ¿Hablo con claridad?
—En absoluto —dijo el señor Wendover, casi con dureza.