Lo mas selecto
Lo mas selecto El criado bajó las escaleras y ella se quedó escuchando; oyó que se cerraba la puerta de la casa: había salido a cumplir su encargo. Después bajó despacito, rogando que el hombre no tardara demasiado. Cuando pasó por delante de la puerta del salón, la encontró abierta y se detuvo delante, pensando que había oído ruidos en el vestíbulo del piso principal. Parecieron apagarse y entonces tuvo la sensación de que se desvanecía: esperaba el coche con enorme impaciencia. En parte con intención esperarlo sentada (había una silla en el rellano, pero podía bajar o subir otro criado y verla) y en parte para mirar por la ventana que daba a la calle si venía o no, entró un momento en el salón. Se dirigió a la ventana, pero el lacayo era lento; después se sentó en una butaca: se sentía muy débil. Acababa de sentarse cuando oyó unos pasos en la escalera y se puso de pie al instante, imaginando que había regresado el mensajero, aunque no había oído ruido de ruedas. Pero no vio al lacayo que había enviado, sino a la expansiva persona del mayordomo, seguido, aparentemente, de una visita. El empleado hizo entrar al visitante mientras señalaba que iba a buscar a la señora y, antes de darse cuenta, Laura se encontró cara a cara con el señor Wendover. En el mismo momento en que oía llegar el coche de alquiler, el señor Wendover cerraba la puerta.