Lo mas selecto
Lo mas selecto —No huya de mÃ, ¡mÃreme! ¡MÃreme! —dijo el señor Wendover—. He preguntado por lady Davenant y me han dicho que estaba en casa. Pero querÃa verla a usted y querÃa que ella me ayudara. TenÃa intención de marcharme, pero no he podido. Parece usted muy enferma, ¡escúcheme! Usted no lo entiende. Se lo explicaré todo. Ah, ¡qué enferma parece usted! —exclamó el joven, como clÃmax de esta repentina, débil, afligida súplica.
Laura, por toda respuesta, intentó apartarlo, pero el resultado de ese movimiento fue que se encontró con que sus brazos la rodeaban. Él consiguió detenerla, pero la joven se liberó y puso la mano en la puerta. Estaba apoyado en ella, de manera que Laura no pudo abrirla y, mientras aguardaba jadeante, cerró los ojos para no verlo.
—Por favor, déjeme decirle lo que pienso… ¡HarÃa por usted cualquier cosa en el mundo! —prosiguió él.
—¡Déjeme marchar! ¡Está acosándome! —exclamó la joven, tirando del pomo.
—No es usted justa conmigo, ¡es muy cruel! —insistió el señor Wendover.