Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Déjeme marchar! ¡Déjeme marchar! —se limitó a repetir ella con su voz aguda, temblorosa, trastornada; él se apartó un poco y Laura abrió la puerta. Pero él la siguió: ¿querrÃa verlo esa noche? ¿Adónde iba? ¿PodÃa ir con ella? ¿PodrÃa verla mañana?
—¡Nunca, nunca, nunca! —le gritó mientras salÃa corriendo.
El mayordomo bajaba las escaleras en aquel momento; se detuvo para dejarla pasar: Laura salió de la casa y se metió en el coche de alquiler a toda velocidad, porque el señor Wendover oyó que las ruedas se la llevaban mientras el criado le decÃa con acento comedido que la señora bajarÃa inmediatamente.