Lo mas selecto
Lo mas selecto —Ahora ya no tengo el menor reparo en decirte lo que deseas saber. Tengo que hacer un par de gestiones dentro de poco y te citarán como testigo.
—¿Citarme como testigo? —repitió la joven, mecánicamente.
—Como testigo a mi favor.
—A tu favor.
—Por supuesto, ya que estás de mi parte, ¿verdad?
—¿Pueden obligarme a comparecer? —preguntó Laura, a modo de respuesta.
—No, no pueden obligarte si te vas del paÃs.
—Eso es exactamente lo que quiero hacer.
—SerÃa imbécil —dijo Lionel—. Y muy malo para tu hermana. Si no me ayudas, al menos deberÃas ayudarla a ella.
Laura guardó silencio, sin levantar la vista del suelo.
—¿Dónde está, dónde está? —preguntó.
—Están en Bruselas, en el Hôtel de Flandres. Al parecer, les gusta mucho.
—¿Me dices la verdad?
—Por Dios, hija mÃa, ¡yo no digo mentiras! —exclamó Lionel—. Cometerás un bonito error si vas a verla —añadió—. Si la ves con él, ¿cómo podrás declarar a su favor?
—No querré verla con él.