Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Oh, querida niña! Si las malas mujeres tuvieran tan mal aspecto como su conducta… Sólo las buenas pueden permitirse ese lujo —murmuró la anciana.
—Nunca se me habrÃa ocurrido que tuviera que avergonzarme de eso —dijo Laura.
—Bueno, guarde la vergüenza hasta que le haga falta de verdad. Es como prestar el paraguas cuando sólo se tiene uno.
—Si sucediera algo en público, me morirÃa, ¡me morirÃa! —exclamó la joven apasionadamente y con un impulso que la puso en pie. Esta vez, se preparó para marcharse. La admonición de lady Davenant la asustaba más de lo que la consolaba.
La anciana se recostó en la silla y alzó la vista.
—Me atreverÃa a decir que serÃa muy mal asunto, pero no me impedirÃa acogerla a usted.
Laura Wing le devolvió la mirada, con los ojos ligeramente abiertos, mientras meditaba.
—¡Y pensar que he llegado a esta situación!
Lady Davenant se echó a reÃr.
—SÃ, sÃ, tiene que venir usted, ¡es tan original!
—No quiero decir que no le agradezca su amabilidad —exclamó la joven, sonrojándose—. Pero ser protegida, siempre protegida: ¿es vida?