Lo mas selecto
Lo mas selecto —Estoy segura de que era muy buena —dijo lady Davenant amablemente—. Seguro que usted ha salido a ella; en cambio, es fácil saber a quién salen las mujeres como Selina. No quiero decir que eso se herede, porque estas cosas dan saltos. Imagino que tuvieron algunos antepasados indignos… si no fuera porque ustedes, los americanos, no parecen tener antepasados.
Laura no dio muestras de haber oÃdo esas observaciones: estaba ocupada secándose las lágrimas.
—Todo ha cambiado tanto… usted no lo sabe —señaló al cabo de un momento—. Nada podrÃa haber sido más feliz… nada podrÃa haber sido más dulce. Y ahora soy tan dependiente… estoy tan indefensa… soy tan pobre.
—¿No tiene usted nada? —preguntó lady Davenant con sencillez.
—Sólo para pagarme la ropa.
—Pues eso, para una joven, es bastante. Va usted inhabitualmente bien vestida, ¿sabe?
—Siento que lo parezca: es justo lo que quiero evitar.
—Ustedes, las americanas, no pueden evitarlo; incluso se dirÃa que estrenan cara y ojos… Pero confieso que no es usted tan elegante como Selina.
—Es espléndida, ¿verdad? —exclamó Laura con orgullosa incoherencia—. Y cuanto peor se porta, más guapa está.