Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Pues que se quede, entonces! Pero salga usted de la casa. Puede usted venir conmigo, ya sabe, en cuanto quiera. Y no se lo dirÃa a ninguna otra jovencita.
—¡Oh, lady Davenant! —empezó a decir Laura, pero no fue más lejos; al instante se habÃa tapado la cara con las manos y se habÃa echado a llorar.
—¡Ah, querida mÃa, no llore o retiraré la invitación! No la invitarÃa nunca si usted fuera a larmoyer[1]. Si la he ofendido por el modo en que he hablado de Selina, me temo que es usted demasiado sensible. No deberÃamos sentir por los demás más de lo que ellos sienten por nosotros. Y ella no tiene lágrimas, estoy segura.
—¡SÃ, sÃ, sà tiene! —exclamó la muchacha, sollozando de manera extraña mientras defendÃa a su hermana.
—Entonces, es peor de lo que pensaba. No me preocupan mucho cuando son alegres, pero las odio cuando son sentimentales.
—Ha cambiado tanto, ¡ha cambiado tanto! —prosiguió Laura Wing.
—Jamás, jamás, querida niña: c’est de naissance[2].
—Usted no conocÃa a mi madre —prosiguió la muchacha—. Cuando pienso en mi madre… —se quedó sin palabras mientras lloraba.