Lo mas selecto
Lo mas selecto Sin duda, no era extraño que las señoras de Merrimac Avenue no se creyeran inoportunas: lo sorprendente era que la señora Nettlepoint no lo pensara. Con todo, en cualquier caso le habría parecido inhumano manifestarlo, aunque me di cuenta de que, en el fondo, le divertía todo lo que daba por hecho la señora del South End. No sé si la actitud de la visitante más joven incrementaba o no el mérito de su buen carácter. La futura del señor Porterfield no participaba en la petición de su madre y apenas hablaba mientras miraba, sin moverse de su asiento, la bahía y las luces del largo puente. Rechazó la limonada y los otros refrescos que, siguiendo instrucciones de la señora Nettlepoint, le ofrecí; en cambio, su madre tomaba de todo generosamente y yo reflexionaba (porque yo consumía con la misma abundancia el líquido vivificador) que sería mejor que el señor Jasper se diera prisa en volver si deseaba disfrutar del refresco que le habían preparado.