Lo mas selecto
Lo mas selecto —Me aventuro a mencionarlo porque sospecho que lo conocà en otros tiempos —proseguÃ.
—Oh, ya veo —no manifestó mayor interés en que lo hubiera conocido.
—Eso, suponiendo que sea la misma persona —me pareció tonto no decir nada más, por lo que añad×: Mi señor Porterfield se llamaba David.
—Bien, igual que el nuestro.
Ese «nuestro» me pareció inteligente por su parte.
—Supongo que lo veré de nuevo, si va a recibirla a Liverpool —proseguÃ.
—SerÃa mala cosa que no fuera.
Era demasiado pronto para que me hiciera cargo de que serÃa mala cosa que no la recibiera: eso fue más tarde. De modo que señalé que hacÃa tantos años que no lo veÃa que era muy posible que no lo reconociera.
—Bueno, hace muchos años que no lo veo, pero espero reconocerlo de todos modos.
—Oh, en su caso es distinto —repliqué, sonriéndole—. ¿No ha regresado desde aquellos tiempos?
—No sé a qué tiempos se refiere.
—Cuando lo conocà en ParÃs, hace siglos. Era alumno de la École des Beaux Arts, donde estudiaba arquitectura.
—Bien, sigue estudiando arquitectura —dijo Grace Mavis.