Lo mas selecto
Lo mas selecto —Estoy orgullosa de lo que soy, eso es cierto. Pero no espero nada —declaró Laura Wing—. Ésa es la única forma que adopta mi orgullo. Por favor, transmita mis recuerdos a la señora Berrington. Siento mucho, muchÃsimo, que haya salido —prosiguió, para alejar la conversación de su matrimonio. QuerÃa casarse pero no querÃa quererlo y, sobre todo, no querÃa que pareciera que querÃa. Se entretuvo por la habitación, yendo de un lado a otro; aquel lugar le resultaba siempre tan agradable que marcharse —regresar a su árida casa— le producÃa la misma sensación que si perdiera el derecho a disfrutar de un santuario. La tarde se habÃa desvanecido pero habÃan traÃdo las luces, en el aire flotaba el aroma de las flores y la vieja casa de Plash parecÃa reconocer la hora que más le favorecÃa. La anciana callada junto a la chimenea, rodeada de la seguridad simbólica del chintz y las acuarelas, le ofreció una repentina visión de lo agradable que serÃa dar un salto por encima de todos los peligros de la vida y haber llegado ya al final, segura y sensata, con toca y guantes, consideración y recuerdos—. lady Davenant, ¿y ella qué piensa? —preguntó bruscamente, deteniéndose en seco y refiriéndose a la señora Berrington.
—¿Pensar? Bendita sea, ¡no hace semejante cosa! Y, si lo hiciera, las cosas que dice serÃan imperdonables.
—¿Lo que dice?