Lo mas selecto
Lo mas selecto —Es buenÃsimo. No es posible encontrarle ni un defecto. Si no fuera asÃ, ella habrÃa roto el compromiso. Lo lleva arrastrando desde que ella tenÃa dieciocho años: se comprometió con él antes de que se marchara a estudiar. Fue uno de esos lÃos infantiles que los padres americanos deberÃan poner más empeño en impedir. La idea es insistir en que la hija espere, en que el compromiso sea largo; y después de eso, hay que tomárselo lo menos en serio posible, siempre que se presente la ocasión, y hacer que la cosa se extinga. Es fácil dejar que se agote. Sin embargo, el señor Porterfield se lo ha tomado en serio y ha hecho cuanto estaba en su mano para que se mantuviera vivo. Ella dice que la adora.
—¿Cuanto estaba en su mano? Para eso habrÃa tenido que casarse.
—No tiene dinero.
—DeberÃa haber ganado un poco, en siete años.
—Eso creo que piensa ella. Algunos tipos de pobreza son despreciables. Pero ahora tiene un poco y por eso no quiere esperar más. Su madre ha intervenido, tiene algo, un poco, y puede ayudarlo. Vivirá con ellos y correrá con algunos gastos y, tras su muerte, su hijo tendrá lo que haya.
—¿Y qué edad tiene la joven? —pregunté con cinismo.