Lo mas selecto
Lo mas selecto —Eso lo hace todavÃa más honorable. Seguirá adelante a cualquier precio y no lo decepcionará, con lo mucho que ha esperado. Es cierto —prosegu× que cuando una mujer actúa de acuerdo con el sentido del honor…
—Bien, ¿qué pasa? —dijo la señora Nettlepoint, porque vacilé visiblemente.
—Es algo tan extravagante que alguien tiene que pagar por ello.
—Es usted muy impertinente. Todos tenemos que pagar siempre por los demás; tanto por las virtudes ajenas como por sus vicios.
—Precisamente por eso lo sentiré por el señor Porterfield cuando ella baje del barco con su pequeña factura en la mano. Y apretando los dientes.
—No va por ahà apretando los dientes: tiene muy buen humor.
—Bueno, pues habrá que intentar que lo conserve —dije—. Tiene usted que ocuparse de que Jasper no olvide nada.
No sé qué reflexión suscitó en la dama mi broma inocente; en cualquier caso, contestó:
—Bueno, nunca le pedà a ella que viniera. Me alegro mucho. Todo es cosa suya.
—¿Cosa suya? ¿De Jasper y de ella?