Lo mas selecto
Lo mas selecto —Claro que no. Me refiero a su madre. Y a ella también, naturalmente. Se han puesto bajo nuestra tutela.
—Oh, sÃ. Puedo dar fe. Y diré que me alegro, podrÃamos habérnoslo perdido.
—¡Qué en serio se lo toma! —exclamó la señora Nettlepoint.
—¡Ah, espere unos dÃas! —contesté, poniéndome en pie para marcharme.