Lo mas selecto
Lo mas selecto Se habÃa acercado un poco a su vieja amiga y le habÃa cogido la mano. Su interlocutora la sostuvo un momento y con la otra apartó uno de los faldones del impermeable.
—¿Y cuánto le cuesta la ropa? —preguntó lady Davenant, mirando el traje que llevaba debajo y sin hacer el menor caso a aquella declaración.
—No lo sé con exactitud: gasto casi todo lo que me envÃan de América. Pero eso es poquÃsimo, unas pocas libras. Soy muy buena administradora. Además —añadió la joven—, Selina quiere que me vista bien.
—¿Y paga ella algunas de las facturas?
—Bueno, me lo da todo: comida, casa, coche.
—¿Y nunca le da dinero?
—No lo aceptarÃa —dijo la muchacha—. Necesitan todo lo que tienen, llevan una vida tremendamente cara.
—Estoy segura —exclamó la anciana—. Esta finca era hermosÃsima, pero no sé qué ha sido de ella. Ce n’est pas pour vous blesser[5], pero ustedes los americanos devoran el dinero…
Laura la interrumpió de inmediato y levantó la cabeza; lady Davenant le habÃa soltado la mano y habÃa dado un paso atrás.
—Selina aportó a Lionel una fortuna considerable, penique a penique.