Lo mas selecto
Lo mas selecto —No pierden el tiempo, sus amigos aquĂ presentes —dijo, señalando con la cabeza hacia donde me habĂa visto mirar.
—Bueno, no tienen mucho que perder.
—A eso me refiero: por lo que me han dicho, ella no.
DeseĂ© decir algo para disculparla, pero apenas sabĂa quĂ© nota tocar. SĂłlo pude desviar la mirada hacia la estrellada oscuridad y el mar que parecĂa dormido.
—Bueno, con estas noches tan espléndidas, este tiempo perfecto, la gente está a gusto y trasnocha.
—SĂ. Necesitamos un buen vendaval —dijo el capitán.
—¿Un buen vendaval?
—¡BarrerĂa las cubiertas!
El capitán fue bastante seco y se marchĂł a atender sus asuntos. Me habĂa inquietado y, en lugar de bajar, di unos pasos más. Los otros paseantes se fueron marchando de dos en dos (eran todos hombres) hasta que, al final, me quedĂ© solo. DespuĂ©s, al cabo de un rato, me retirĂ© del campo. Jasper y su compañera seguĂan detrás del bote salvavidas. Aunque, sin duda, yo preferĂa el buen tiempo, cuando bajaba me di cuenta de que, vagamente y por motivos desconocidos, tal vez ajenos al decoro, deseaba que tuviĂ©ramos temporal.