Lo mas selecto
Lo mas selecto —Bueno, en ese caso me alegro de que no sea como los otros —dije sonriendo a la joven que llevaba del brazo. Mi observación ofrecía a la señorita Mavis la oportunidad de hacer algún comentario elogioso y a él de reiterar el suyo; pero ni Jasper ni Grace Mavis la aprovecharon. Lo que hicieron, según vi, fue mirarse un instante; tras el cual la señorita Mavis volvió los ojos en silencio hacia el mar. No hizo ningún movimiento ni pronunció ninguna palabra, con lo que logró darme la sensación de que se había vuelto, de repente, perfectamente pasiva; que, de un modo u otro, declinaba toda responsabilidad. Nos quedamos ahí de pie, delante de Jasper, y si la presión de su brazo no sugería que yo debiera soltarla, tampoco insinuaba que debíamos seguir adelante. No tenía intención de dejarla, si bien es cierto que una de las cosas que me pareció descubrir en aquel instante en la fisonomía de Jasper fue la implicación imperturbable de que ella era de su propiedad. Durante un momento nuestros ojos se encontraron y fue exactamente como si me dijera: «Sé lo que piensa pero me importa un comino». Lo que yo pensaba era que se trataba de un individuo inconmensurablemente egoísta: era eso, en definitiva, lo fundamental de la breve revelación. La juventud casi siempre es egoísta, de la misma manera que casi siempre es vanidosa y, al fin y al cabo, cuando eso se combina con la salud y la apostura, un buen físico y un buen ánimo, tiene motivos para serlo y yo lo perdono con facilidad cuando se es realmente joven. Con todo, siempre es cuestión de grados, y lo que destacaba de Jasper Nettlepoint (si uno se fijaba en esas cosas) era que su egotismo estaba lleno de dureza y que era ávido su gusto por salirse con la suya. Estos rasgos eran prósperos y desenvueltos, estaban acostumbrados a triunfar. Le gustaban mucho las mujeres; las necesitaba y aquélla era de su tipo; pero no estaba ni por asomo enamorado de Grace Mavis. Entre mis rápidas reflexiones, ésta era la más pertinente. Pasado un minuto, nuestra situación empezó a resultar incómoda, si bien él no parecía advertirlo en absoluto.