Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Cómo está su madre esta mañana? —pregunté.
—Será mejor que baje usted a verlo.
—No iré hasta que la señorita Mavis se canse de mÃ.
Ésta no contestó e hice que se pusiera de nuevo en marcha. Guardó silencio unos minutos; después, de manera bastante inesperada, dijo:
—Lo he visto a usted hablando con esa señora que se sienta a nuestra mesa, esa que tiene tantos niños.
—¿La señora Peck? Oh, sÃ. He hablado con ella.
—¿La conoce usted bien?
—Sólo como se conoce a la gente en el mar. Se hacen amistades intrascendentes.
—No me dirige la palabra… y podrÃa hacerlo si quisiera.
—Eso es justo lo que ella dice de usted, que podrÃa hablar con ella.
—¡Oh, si es eso lo que espera…! —dijo mi acompañante con una carcajada. Después añadió—: Vive en nuestra calle, casi enfrente.
—Precisamente. Por ese motivo cree que usted podrÃa darle conversación; la ha visto muy a menudo y parece saber mucho sobre usted.
—¿Qué sabe de m�