Lo mas selecto
Lo mas selecto —No sé qué hacer y debe usted ayudarme —dijo la señora Nettlepoint aquella tarde, en cuanto fui a verla.
—Haré lo que pueda, pero ¿de qué se trata?
—Ha venido y se ha echado a llorar. Ha estado asà un buen rato. Me ha preocupado bastante.
—¿Llorar? No parece propio de ella.
—Exacto, y eso es lo que me ha sobresaltado. Ha venido a verme a primera hora de la tarde, como ha hecho otras veces, y hemos hablado del tiempo y de la marcha del barco, de los modales de las camareras y de pequeños lugares comunes; y entonces, de repente, en mitad de la conversación, ahà sentada, à propos[21] de nada, se ha echado a llorar. Le he preguntado qué le pasaba pero no me lo ha explicado, sólo ha dicho que no era nada, el efecto del mar, de marcharse de su casa. Le he preguntado si tenÃa algo que ver con su futuro, con el matrimonio; si le parecÃa que, a medida que se acercaba el momento, no era eso lo que deseaba su corazón; le he dicho que no debÃa ponerse nerviosa, que lo entendÃa muy bien… En definitiva, le he dicho lo que he podido. Y lo único que ha contestado era que estaba muy, muy nerviosa, pero que se le habÃa pasado ya; y después se ha levantado de un brinco, me ha dado un beso y se ha marchado. ¿ParecÃa que hubiera estado llorando? —preguntó la señora Nettlepoint.