Lo mas selecto
Lo mas selecto —Sin duda, estarÃa en vena —prosiguió sir David—. Es una peculiaridad innata, igual que uno es cojo, tartamudo o zurdo. Creo que va y viene, como una fiebre intermitente. Mi hijo me dice que sus amigos por lo general lo entienden y no le llaman la atención… por su esposa.
—¡Oh, su esposa, su esposa! —murmuró Lyon pintando deprisa.
—Me atreverÃa a decir que está acostumbrada.
—En absoluto, sir David. ¿Cómo puede acostumbrarse?
—¡Vaya, querido amigo, cuando una mujer ama…! ¿Y no les gusta también a ellas la exageración? Son connoisseurs[30]… comprenden bien a un colega.
Lyon guardó silencio un momento; no tenÃa argumentos para negar que la señora Capadose estaba muy unida a su marido. Pero al cabo de un poco, replicó:
—¡Oh, ésta no! La conocà hace años, antes de que se casara; la conocà bien y la admiraba. Era clara y diáfana.
—Me gusta mucho —dijo sir David—, pero he visto cómo lo secundaba.
Lyon examinó a sir David durante un momento, pero no como modelo.
—¿Está usted seguro?
El anciano vaciló; después contestó con una sonrisa.