Lo mas selecto
Lo mas selecto —Tengo curiosidad por saberlo —y añadió Lyon para sÃ: ¡Dios mÃo, lo que habrá hecho de ella! Pero no lo dijo porque le pareció que ya se habÃa delatado bastante su pensamiento en relación con la señora Capadose. Sin embargo, ahora no dejaba de dar inmensas vueltas a la cuestión de cómo podÃa desenvolverse una mujer en semejante atolladero. Cuando regresó y se mezcló con los demás, Lyon la miró con un interés todavÃa mayor; él habÃa tenido sus problemas en la vida, pero pocas veces habÃa sentido una inquietud tal como la que sentÃa ahora por conocer en qué medida la lealtad de una esposa y el contagio de un ejemplo podÃan haber afectado a un espÃritu totalmente sincero. Oh, él tenÃa por una verdad inmutable que, al margen de las tendencias que pudiera manifestar cualquier otra mujer, ella, desde siempre, habÃa sido totalmente incapaz de ninguna desviación. Aunque no hubiera sido demasiado simple para engañar a nadie, habrÃa sido demasiado orgullosa; y si no hubiera tenido demasiada conciencia, habrÃa mostrado escasa afición. Era lo último que habrÃa consentido o disculpado, justo aquello que no habrÃa perdonado. ¿Contemplaba atormentada cómo su marido daba saltos mortales? ¿O se habÃa convertido en alguien tan perverso que le parecÃa bien llamar la atención aunque fuera a costa de su honor? HabrÃa sido necesaria una portentosa alquimia —deshacer lo hecho, por asà decir— para llegar a este último resultado. Además de estas dos alternativas (sufrir tortura en silencio o estar tan enamorada que la humillante idiosincrasia de su marido sólo le pareciera un rasgo más de brillantez, una prueba de su vitalidad y su talento), existÃa también la posibilidad de que no se hubiera dado cuenta, de que se lo creyera todo. Una breve reflexión volvÃa insostenible esta hipótesis; era demasiado evidente que la versión que él daba de las cosas debÃa de entrar en contradicción una y otra vez con lo que ella sabÃa. Apenas llevaba un par de horas con ellos cuando Lyon ya la habÃa visto enfrentada a esa invención perfectamente gratuita sobre el beneficio que habÃan sacado del cuadro que él pintó en sus primeros años. Ni siquiera entonces, por lo que habÃa podido ver, pareció sufrir, y… pero, por el momento, Lyon no podÃa hacer otra cosa que considerar el caso.