Lo mas selecto

Lo mas selecto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Lo más singular de todo era que ni la sorpresa ni la familiaridad impedían que la gente apreciara al coronel; sus mayores exigencias de una atención, por lo demás, un tanto escéptica, se tenían por desbordamientos de vida y alegría, casi de belleza. Le gustaba retratar su valor y lo hacía con una gruesa brocha y, sin embargo, no cabía duda de que era valiente. Era gran jinete y tirador, a pesar del cúmulo de anécdotas que ilustraban esas habilidades: en definitiva, no estaba lejos de ser tan inteligente ni su carrera de ser casi tan maravillosa como pretendía. Con todo, su mejor cualidad era una sociabilidad indiscriminada que daba por hecho el interés y la credulidad de los demás y, en cambio, de eso no presumía; le daba un aire ordinario, incluso, en cierto modo, vulgar; pero era tan contagiosa que, en contra de lo previsible, su interlocutor se ponía de su lado. Oliver Lyon reflexionaba para sí que el coronel no sólo mentía sino que hacía que uno se sintiera también un poco mentiroso, aunque le llevara la contraria (o especialmente si lo hacía). Por la noche, durante la cena y más tarde, nuestro amigo contemplaba el rostro de su mujer para ver si lo recorría alguna sombra o un débil espasmo. Pero en ella no se veía nada y lo más sorprendente era que casi siempre escuchaba a su marido cuando hablaba. En eso consistía su orgullo: no quería que se sospechara siquiera que no hacía frente a las circunstancias. Sin embargo, Lyon veía una y otra vez que al día siguiente de los hechos aparecía una figura velada en la penumbra dispuesta a arreglar los daños del coronel, de la misma manera que los familiares de los cleptómanos visitan puntualmente las tiendas que han sufrido sus hurtos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker