Lo mas selecto
Lo mas selecto Por fin propuso el asunto del retrato del coronel: la temporada estaba ya muy avanzada y quedaba poco tiempo para la desbandada general. Lyon dijo que debía aprovecharla en lo posible, lo importante era empezar; después, en otoño, cuando regresaran a su vida londinense, podrían seguir adelante. La señora Capadose objetó que no podía aceptar otro regalo de tanto valor. Lyon ya le había dado aquel antiguo retrato suyo y ya había visto la falta de delicadeza que habían tenido. Ahora le regalaba aquel bello recuerdo de la niña, porque sería bello sin duda cuando lo terminara, si alguna vez se daba por satisfecho; una posesión preciosa que cuidarían para siempre. Pero su generosidad debía detenerse ahí: no podían contraer con él una deuda tan grande. No podían encargarle el cuadro, seguro que lo entendía sin que se lo explicara; era un lujo fuera de su alcance, porque sabían qué precios alcanzaban. Además, ¿qué habían hecho ellos, qué había hecho ella, sobre todo, para que los colmara de regalos? No, era demasiado bondadoso; era imposible que Clement posara. Lyon la escuchó sin protestar, sin interrumpir, mientras se inclinaba sobre una obra, y al final dijo:
—Bueno, si no se queda el cuadro, ¿por qué no dejar que pose para mi propio placer y beneficio? Que sea un favor, un servicio que le pido. Me vendrá muy bien pintarlo y me quedaré yo con el cuadro.