Lo mas selecto
Lo mas selecto Effie y Tishy estaban sentadas en el círculo, en el borde de unas butacas bastante altas, mientras mademoiselle Bourde examinaba en ellas con satisfacción los resultados de su propia superioridad. Tishy era una niña, pero Effie tenía quince años; las dos estaban muy bonitas, ataviadas con frescos trajes de viaje y con un aire pintoresco derivado del hecho de que Tishy iba provista, para sus aventuras en el extranjero, de un flamante bolsito del que nadie podía separarla, y de que Effie, para no perder «el punto», tenía un dedo metido en un grueso volumen rojo de la guía Murray. Raymond sabía que, por norma, su madre no les habría permitido aparecer en el salón con esos complementos, pero alguna concesión había que hacer a la emoción de la partida. Las dos eran bonitas, con rasgos delicados y ojos azules, y cuando crecieran se convertirían en damitas mundanas y convencionales, al contrario que Dora. Cada vez que hablaban, buscaban el beneplácito de mademoiselle Bourde. Y cuando se dirigían alternativamente a esa cumplida mujer y a su madre, utilizaban con pulcritud una u otra de las dos lenguas que dominaban.