Lo mas selecto
Lo mas selecto Por fin consiguió llevarse a Dora; se esforzó en dar a aquel movimiento un aire intrascendente. Al fin y al cabo, nada tenía de especial que pasearan un poco por el pasillo; una docena de personas estaba haciendo lo mismo. La joven parecía no sospechar en lo más mínimo que tuviera algo especial que decirle, y respondió a su petición por mera amabilidad. Pero no le interesaba a su acompañante que siguiera en la ignorancia; sin embargo, su convicción de que, a pesar de los cuidados de mademoiselle Bourde, Dora no era una falsa ingenua, hacía que se repitiera que seguía queriendo hacerla suya. Dieron varias vueltas por el vestíbulo, durante las que a Dora Temperly pudo parecerle que su primo Raymond no tenía nada especial que decirle. Éste señaló varias veces que, sin duda, aparecería en París por primavera; pero en cuanto ella contestó una vez que se alegraba mucho, el tema pareció agotado. No obstante, al joven le importaba poco; no era el momento de declararse; sólo quería estar con ella. De repente, cuando estaban en el extremo del pasillo más alejado de la sala de donde habían salido, le dijo:
—Tu madre es muy rara. ¿Por qué tiene esa idea de París?
—¿A qué idea te refieres? —Raymond se había detenido y la muchacha estaba parada delante de él.