Lo mas selecto
Lo mas selecto —Por eso mismo quiere verlas, supongo. Y no sé por qué iba a impedÃrselo ser de California. En cualquier caso, quiere que tengamos lo mejor. ¿Y el mejor gusto no está en ParÃs?
—SÃ, y el peor —se sentÃa abatido cuando ella defendÃa a la señora Temperly y, para cambiar de tema, preguntó—: ¿Y no estás triste, esta noche, por dejar tu paÃs durante un tiempo indefinido?
No lo animó mucho que la muchacha contestara:
—Oh, ¡irÃa a cualquier sitio con mi madre!
—¿Y con ella? —preguntó Raymond sarcásticamente cuando apareció mademoiselle Bourde, procedente del salón. Se fue acercando; se reunieron al cabo de un instante con ella y ésta informó a Dora de que la señora Temperly deseaba que volviera y tocara parte de aquella composición de Saint-Saens, la última que habÃa estado estudiando, para el señor y la señora Parminter; querÃan juzgar si su hija podrÃa defenderse con ella.
—Me parece que no —dijo Dora con una sonrisa; pero se disponÃa a ponerse en marcha obedientemente cuando su acompañante la retuvo un momento.
—¿Vas a decirme adiós?
—¿No vuelves al salón?
—Creo que no, no me gusta.
—¿Y a mamá? ¿No le dirás nada? —preguntó la muchacha.