Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Tan grande ha sido?
—Sin duda, su situación y su prestigio. ¿No conoce su magnÃfica obra y lo que se piensa de ella?
—Oh, sÃ, la conozco. Por eso… —pero lady Claude se interrumpió. Tras lo cual, añadió—: Pero ¿y si sigue reservándose?
—Oh, pero no para mà —dijo la señora Harvey.
—Y, evidentemente, tampoco para mÃ. ¿Para quién, entonces, se considera lo bastante bueno? —preguntó su interlocutora.
—¡Oh, esas personas importantes! —dijo la señora Harvey con una sonrisa.
—¡Pero usted y yo somos importantes! —dijo lady Claude, dándole un beso de buenas noches.
—No deberÃa usted, de todos modos —dijo la mujer de más edad—, traicionar el secreto de mi grandeza, que le he confesado, recuérdelo, como la más Ãntima de las confidencias.
Su tono contenÃa una amargura tan pura que, por un momento, contuvo a su amiga; después lady Claude tuvo la feliz inspiración de contestar alegremente:
—Seguro que ha sido mejor que el señor Straith no la quisiera. Usted también se ha reservado: ¡se casará… con un embajador!
Y tras desearle de nuevo buenas noches, alcanzó la puerta.
—Dice que no sale adelante, pero sà sale.