Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Dado que yo no me habÃa dirigido a él primero? —dijo la señora Harvey, dando la vuelta al asunto—. Quizá no, pero yo no podÃa hacerlo —y después, a modo de explicación, y no sólo porque lady Claude era imprecisa por naturaleza, sino porque lo que parecÃa destacar en ella era su derecho a que la cortejaran, añadió—: Y no porque no nos conozcamos.
—¿Lo conoce, entonces?
—Demasiado.
—¿Quiere decir que no le gusta?
—Por el contrario. Me gusta… con locura.
—Entonces, ¿qué hay de malo? —preguntó lady Claude con impaciencia.
Su amiga vaciló, pero sólo un momento.
—Bueno, él no me quiso.
—¿No la quiso?
—Hace diez años, después de la muerte del señor Harvey, cuando, si él hubiera movido un dedo, me habrÃa casado con él.
—¿Y no lo movió?
—Se consideraba demasiado importante. Y yo era poca cosa para él. QuerÃa reservarse; adivinaba su futuro.
Lady Claude intervino con interés:
—¿Su situación actual?
—SÃ, todo lo que iba a sucederle; su ascenso progresivo.