Lo mas selecto
Lo mas selecto La capacidad de lady Claude para escuchar —y era tal vez la más atractiva de sus cualidades— era mayor todavÃa, cuando estaba impresionada, que su capacidad para protestar.
—Vaya, ¿cómo puede decir eso cuando le basta ver que todo el mundo la admira y la aprecia? Mire al embajador —insistió con entusiasmo. Y fue eso lo que, precisamente, tal como he mencionado, llevó la corriente de su conversación lejos de la fuente. Sin embargo, no tuvo que ir muy lejos antes de que apareciera el nombre de Stuart Straith, en relación con el cual lady Claude confesó algún interés —pues era guapo, distinguido, «simpático»—, hasta el punto en que podrÃa llegar a odiarlo, pues él no habÃa hecho nada para fomentarlo. No le habÃa dirigido la palabra ni una vez.
—Pero, querida amiga, ¡si tampoco me la ha dirigido a mÃ!
Lady Claude no pareció tomar aquello como indicio de que, al fin y al cabo, tuviera que haber alguna diferencia.
—Oh, pero ¿podrÃa haberlo hecho?