Lo mas selecto
Lo mas selecto Laura decidió no bajar a cenar: deseaba no volver a verlo en todo el día. Bebería más, se portaría peor, no sabía qué podría llegar a decir. Además, estaba demasiado enfadada, aunque no con él, sino con Selina. No sólo enfadada, sino enferma. Sabía quién era lady Ringrose; en aquellos momentos, sabía ya muchas cosas que cuando era más joven —sólo un poco más joven— nunca había esperado saber. En Inglaterra le habían abierto bien los ojos y, sin duda, para ver también a lady Ringrose. Había oído lo que había hecho y tal vez mucho más, y no era muy distinto de lo que había oído de otras mujeres. Sabía que Selina había ido a su casa; le parecía que la dama había ido también a la de Selina, en Londres, aunque ella allí no la había visto. Pero no sabía que fueran lo bastante amigas para que Selina se escapara a París con ella. Los motivos del viaje a París no tenían por qué ser necesariamente vergonzosos; había cientos de razones con las que podrían estar familiarizadas dos damas aficionadas a los cambios, el movimiento, los teatros y los sombreros nuevos; sin embargo, tanto la excursión como la acompañante disgustaban a Laura.