Lo mas selecto
Lo mas selecto —Oh, sÃ. Veo mis trajes.
—¡Sus trajes! —exclamó ella, intrigada.
—Los del segundo acto. Son mÃos, los he dibujado yo.
—¿Usted? —dijo ella, sin poder controlar el tono.
—Yo —miró al frente—. Por dinero. Y ni siquiera nos hemos fijado en ellos.
—La verdad es que yo no —confesó ella. Pero lo confesó como señal de amabilidad hacia él y esa amabilidad también inspiró algo que dijo en el ventoso porche, acabada la función, cuando el lacayo de la amiga, una dama gruesa, rica y enormemente satisfecha, que la habÃa traÃdo y ahora se encontraba con ella, tras bajar de su butaca en el anfiteatro, salió a asegurarse que estaba el cupé.
—¿Puedo hacer algo con sus cosas?
—¿Hacer algo?
—Después de visitarle. Escribir algo… sobre sus cuadros. Escribo regularmente en la prensa —dijo la señora Harvey.
Él se mostró sorprendido, igual que ella en la platea.
—¿Para un periódico?