Lo mas selecto
Lo mas selecto —Bueno, sólo puedo explicar mi forma de verlo, que es… que siempre ha sido… que usted lo sentÃa mucho por mÃ, pero experimentaba una especie de escrúpulo que le impedÃa dejarme claro que sólo podÃa ofrecerme compasión.
—¿Puedo ir a visitarla? —preguntó Straith al cabo de unos minutos.
La respuesta de ella, que tuvo que esperar un rato, se parecÃa tan poco a una respuesta como la de él.
—¿De verdad no es feliz? ¿No lo tiene todo?
—¡Es usted muy hermosa! —dijo él a modo de contestación—. ¿Puedo ir?
Ella dudó.
—¿Dónde está su estudio?
—Oh, no está lejos. No se inquiete; puedo ir andando o, incluso, tomar un transporte público.
La señora Harvey, una vez más, aguardó un poco. Después contestó.
—¿PodrÃa ir yo?
—EstarÃa encantado.
Lo dijo con rapidez, casi con precipitación; sin embargo, el acuerdo, poco después, pareció haber dejado entre ellos cierta torpeza, y como si quisiera cambiar de tema y, al mismo tiempo, relajar la tensión, ella, de repente, le recordó algo que habÃa dicho antes.
—Estaba usted a punto de explicarme el motivo concreto de su presencia.