Lo mas selecto
Lo mas selecto —¡Oh, yo no tengo ni reloj! —repuso ella con una carcajada—. Estoy más allá de los relojes —tras lo cual añadió—: PodrÃamos habernos visto más… O, quizá tendrÃa que decir que deberÃamos haber aprovechado más nuestros encuentros.
—SÃ, nos hemos visto poco. Pero siempre he creÃdo que era porque vivimos en mundos muy distintos.
—¿No es usted feliz? —preguntó la señora Harvey con cierta incoherencia.
Él le dedicó una sonrisa singular.
—Acaba de decir que está más allá de los relojes… Yo estoy más allá de la infelicidad.
Ella miró hacia otro lado y dijo:
—DeberÃa sin falta retener algo sobre la obra.
—Por supuesto. Yo, desde luego, algo retendré.
—Ah, en ese caso, ayúdeme y dÃgame qué es.
—De todo corazón —dijo Straith—, si puede servirle de ayuda. Lo que retengo es la sensación de que nos hemos encontrado de nuevo.
Ella movió la cabeza con uno de esos gestos lentos y tristes que en Mundham tanto habÃan impresionado a lady Claude.
—Eso no me será de ayuda.
—Entonces, debe permitir que le pregunte una cosa; tendrÃa que haber intentado acercarme y preguntárselo antes, pero tenÃa demasiado miedo del embajador. ¿Por qué ha durado tanto… nuestra imposibilidad?