Lo mas selecto
Lo mas selecto —Durante el mismo tiempo que usted ha ignorado… que yo estaba esperando su compasión. Ah, aunque yo sabÃa, según creo, que usted suponÃa que eso me herirÃa, pero no era capaz de explicarle que era ya lo único que podÃa ayudarme. Compadézcase ahora de mÃ. Es lo único que quiero. No me importa nada más. Pero hágalo.
En aquel momento, él se vio obligado a ocuparse de un asunto menor y cotidiano antes de regresar a otro tan importante y extraño. El joven que tenÃa a su servicio llegó con una bandeja de té y pasaron unos minutos mientras le hacÃa sitio, servÃa a la señora Harvey, le ofrecÃa asiento y despedÃa al joven.
—¿Y en qué clase de piedad podrÃa soñar yo —preguntó él cuando por fin pudo sentarse a su lado— cuado yo también sufrÃa tanto?
—¿SufrÃa? —preguntó ella—. Pero usted era feliz… entonces.
—¿Feliz porque no me considerara usted lo bastante bueno? Porque eso fue lo que pasó —insistió él—. Usted tenÃa éxito, un éxito inmenso. Talento, futuro, grandes posibilidades; y entendà perfectamente que, dado todo eso y dada también mi situación mucho menos relevante, quisiera usted reservarse.
—¡Oh, oh! —exclamó ella, como si la hubiera herido.