Lo mas selecto
Lo mas selecto Tras lo cual rememoraron, a pesar de lo horrible que era, los sÃntomas de saciedad desde el principio, y revivieron las horas inolvidables, ahora ya lejanas, en que empezó a vislumbrarse que tendrÃan que hacer frente a la verdad y dar el nombre justo a hechos injustos. Se rieron de sus primeras explicaciones e incluso de lo ridÃculo de sus primeros temores; compararon notas sobre la falibilidad de los remedios y esperanzas y, cada vez más unidos en la identidad de su lección, concluyeron los dos que, aunque parecÃa haber varios tipos de éxito, fracaso sólo habÃa uno. Y, a pesar de todo, lo más duro no habÃa sido tener que ir retrocediendo sino tener que jugar de farol tanto tiempo, como decÃa Straith, tener que aguantar el tipo. Sin embargo, en aquel momento casi los arrastraba la enormidad del alivio de no tener que fingir el uno delante del otro. Eso les daba toda la medida del motivo que su valor, en el caso de ambos, habÃa puesto a su servicio en el silencio y la oscuridad.
—Pero ahora, ¿qué motivo tendremos? —prosiguió Straith.
Ella pensó.
—¿Qué motivo tendremos para ser valientes?
—SÃ, para seguir adelante.