Lo mas selecto
Lo mas selecto —¿Querernos? Me odia como odiarÃa tener joroba. SerÃa capaz de jugármela cada vez que pudiera. ¡Me odia en todos los sentidos posibles! Le gustarÃa pisotearme como un escarabajo y oÃrme crujir, y sólo abre la boca para insultarme.
Lionel Berrington afirmaba todo esto sin violencia, sin pasión ni el escozor de un nuevo descubrimiento; habÃa una alegrÃa familiar en su tono trivial y tenÃa el aire de estar tan seguro de lo que decÃa que no necesitaba exagerar para demostrarlo.
—¡Oh, Lionel! —murmuró la joven palideciendo—. ¿Era eso lo que querÃas decirme?
—Y no puedes decir que sea culpa mÃa. No pretenderás hacerlo, ¿verdad? —prosiguió—. ¿No soy tranquilo, no soy amable, no soy serio? ¿No le he dado todo lo que me ha pedido?
—¡No le has dado buen ejemplo! —contestó Laura con energÃa—. No te interesa ninguna otra cosa en este mundo que no sea divertirte, desde el principio al final del año. Y ella hace lo mismo, y quizá sea todavÃa peor en una mujer. Los dos sois todo lo egoÃstas que se puede ser, no tenéis en la cabeza o en el corazón otra cosa que vuestro vulgar placer, sois incapaces de la menor concesión, del menor sacrificio.
Laura, al menos, hablaba con pasión; algo confinado en su alma estalló y le dispensó alivio, casi una alegrÃa efÃmera.