Lo mas selecto
Lo mas selecto Explicó que, por el momento, lady Gwyther no estaba en la ciudad, puesto que, nada más llegar, habÃa tenido que ir a Torquay a pasar varios dÃas con una de sus tÃas y también con su abuela, para las cuales era objeto de gran interés. No habÃa visto a nadie y nadie —aunque eso no importaba— la habÃa visto; no sabÃa nada de Londres y le asustaba muchÃsimo enfrentarse a la ciudad y a lo que, por poco que fuera, pudiera esperarse de ella.
—DesearÃa contar con alguien —dijo lord Gwyther—, alguien que lo conozca todo, ¿entiende? Que sea muy amable e inteligente, como usted serÃa, si se me permite decirlo, si la llevara de la mano.
Al llegar a este punto y con estas palabras las miradas de los dos interlocutores de lord Gwyther se cruzaron de modo magnÃfico e inevitable. Pero nada en el modo en que éste siguió hablando demostró que lo hubiera advertido.
—Desea, si puedo decÃrselo, una amiga de verdad en este gran laberinto; y mientras me preguntaba qué podÃa hacer yo para allanarle el camino y quién serÃa la mejor mujer en Londres…