Lo mas selecto
Lo mas selecto En efecto, se vieron a la hora de la cena y, si bien resultó que no estuvieron juntos, después lo compensaron en el mejor ángulo de un salón que ofrecía tanto luces como sombras, y que era muy apreciado, en el círculo en que se movían, por los acogedores «rincones» que había creado la hábil dueña de la casa. El rostro de la señora Grantham, en el que se mostraba el efecto de la visita de lord Gwyther, había acompañado a Sutton de manera tan constante durante las horas precedentes que, cuando ella lo regañó, nada más verlo, por cómo la había tratado por la tarde, él estuvo a punto de atribuir a su rostro el motivo de su marcha. Algo nuevo había aparecido de repente en su belleza; no podía todavía decir en qué consistía ni tampoco, en conjunto, si le sentaba bien o mal. En cualquier caso, no diría nada hasta que pudiera tomar una decisión al respecto; por lo que, con el necesario aplomo, esgrimió una excusa mejor. De modo que si, en resumidas cuentas, a pesar de la petición de la señora Grantham, la había dejado sola con lord Gwyther, había sido sencillamente porque la situación se había convertido de repente en algo tan estimulante que casi había temido contagiarse, caer en la tentación, totalmente inadecuada, de agregar algo.