Lo mas selecto
Lo mas selecto Se quejaba, yo ya lo sabÃa, de que la gente sólo le encargaba, si le hacÃan algún encargo, cosas que no le gustaban. Pero, en este caso, no se trataba de copiar: al menos, no lo era en absoluto en el sentido común del término.
—Se trata de un retrato… poco definido.
—Ah, pero ¡si tú también pintas retratos!
—SÃ, y ya sabes cómo. Mi estilo no sirve para esto. Se trata de un bonito retrato.
—Asà pues, ¿de quién?
—De cualquiera. Es de cualquiera. De quien tú quieras.
Manifestó una lógica sorpresa.
—¿Quieres decir que debo elegir yo el modelo?
—Bueno, lo raro del asunto es que no habrá modelo.
—¿Y a quién representará el cuadro?
—Pues a un hombre guapo, distinguido, agradable, de menos de cuarenta años, afeitado, bien vestido y un perfecto caballero.
Siguió mirándome fijamente.
—¿Y tengo que dar yo con él?
La palabra que habÃa elegido me hizo reÃr.