Lo mas selecto
Lo mas selecto Al llegar le habÃa propuesto que viniera a tomar el té conmigo, y cuando me dejó solo en el estudio, mientras ella iba a su habitación, dejé de dudar del éxito de mi encargo. La imagen que me habÃa decidido una hora antes se hizo más nÃtida e intensa mientras circulaba por su estudio mirándolo todo. HabÃa más obras de lo que serÃa deseable ver; pero, por lo menos, reforzaban mi confianza, lo que me agradaba al pensar en mi visitante, la cual habÃa aceptado sin reservas mi petición en nombre de la señorita Tredick. Cuatro o cinco de sus copias de retratos famosos —adorno de grandes colecciones públicas o privadas— colgaban de las paredes y al verlas juntas otra vez tuve la sensación de que habÃa hecho bien al avalar a la pintora. Su tono añejo era justo lo que tenÃa en la cabeza cuando habÃa dicho, para disculparme delante de la señora Bridgenorth:
—Oh, mis cuadros… parece como si estuvieran pintados mañana.