Lo mas selecto
Lo mas selecto Daba lo mismo que las copias de Van Dyck o de Gainsborough de Mary fueran reproducciones, porque yo sabÃa que en más de una ocasión se habÃa divertido haciéndolas, como ella decÃa, por su cuenta. HabÃa copiado con tanta maestrÃa tantas obras maestras que su pincel estaba lleno de recursos. Siempre me habÃa contestado que esas cosas eran sólo bobadas hábiles, pero resultaba que, en esta ocasión, nuestra cliente querÃa justo eso. La cosa era dárselo: lo demás era asunto suyo. Y al mismo tiempo que reflexionaba sobre esto, observé para mà que, por asà decirlo, habÃa algo más de lo que se veÃa a simple vista en la reacción que habÃa creÃdo observar en mi amiga. Sin proponérmelo, habÃa pulsado más de un resorte; habÃa puesto en marcha más de un impulso. Quedé convencido después de que volviera con chaqueta y sombrero. Estaba diferente; habÃa estado madurando la idea; y me sonrió debajo del tenso velo con una expresión distinta mientras enfundaba sus manos finas y firmes en un par de guantes limpios.
—Haz el favor de decirle a tu amiga que os estoy muy agradecida a los dos y que acepto el encargo.
—Muy bien. ¿Y lo pintarás tan apuesto como corresponde?
—Acepto precisamente por ese motivo. Lo pintaré supremamente hermoso y supremamente vil.
—¿Vil? —dije vacilante.