Lo mas selecto
Lo mas selecto Al oÃr eso pensé que tendrÃa que esperar, aunque cada vez estaba más impaciente. Pero seguà dando vueltas por el taller y, mientras lo hacÃa, ella me explicó:
—Si lo que he hecho es de veras un retrato es porque las condiciones asà lo exigÃan. Si tenÃa que pintar al hombre más guapo del mundo, sólo podÃa pintar a uno.
Nos miramos; después me eché a reÃr.
—¡No seré yo! Pero… lo importante ¿te va saliendo?
—¿La vileza? Oh, sÃ, si Dios quiere.
Contuve el aliento un instante y no me atrevà a insistir entonces. Pero el tono jocoso siempre es un buen recurso.
—Me referÃa a la tonalidad del tiempo.
—¿Que si la consigo, querido amigo? ¿No la conseguà hace ya años? ¿Acaso no la muestro siempre yo misma… esa pátina? —de repente exhaló un extraño suspiro y adoptó una expresión que nunca habÃa visto—. No puedo darle al retratado más de lo que él me ha dado a mÃ.
Apenas intuÃa qué pasión sofocada, qué recuerdo de un agravio, qué mezcla de alegrÃa y dolor habÃan despertado sin querer mis palabras. A semejante efecto sólo podÃa responder con una piedad inmediata que, sin embargo, manifesté de manera indirecta.